Publicidad:
Terra
La Coctelera

Ejercitar los músculos del suelo pélvico evita trastornos en la sexualidad

La debilidad de esa zona puede ocasionar trastornos en la sexualidad del hombre y la mujer. Los ejercicios de Kegel corrigen con efectividad este mal Esquema de los músculos del suelo pélvico

Ejercitar los músculos del suelo pélvico en la mujer y el hombre evita trastornos que pueden afectar la sexualidad

El debilitamiento del suelo pélvico, tanto en hombres como mujeres, puede convertirse en factor desencadenante de múltiples trastornos que afectan la sexualidad, entre ellos prolapsos (caída de los órganos intrabdominales), incontinencia urinaria y fecal, y hasta eyaculación precoz.

Esa zona de la pelvis está compuesta por varios músculos, incluyendo el pubococcígeo (PC), donde se halla el llamado nervio pélvico, que además conecta con la vejiga, la parte inferior de la columna vertebral y parte de los órganos genitales internos.

Es conveniente para ambos sexos que el músculo PC sea fuerte y presente un tono muscular adecuado, ya que así se convierte en una poderosa fuente de energía que estimula la próstata en los varones y el útero en las féminas.

Las principales causas naturales de debilitamiento del suelo pélvico son el embarazo, el parto, la menopausia y la herencia, ya que está demostrado que dos de cada diez mujeres padecen debilidad congénita del suelo de la pelvis. Algunos hábitos cotidianos pueden predisponer a la aparición de este mal en ambos sexos, como por ejemplo retener la orina, vestir ropas ajustadas, los deportes en los que están implicados el salto o el impacto, cantar o tocar instrumentos de viento.

La obesidad, el estreñimiento, la tos crónica y el estrés son factores de riesgo que la sociedad suele ignorar en no pocas ocasiones, pero que luego cobran su cuota en disfunciones sexuales fácilmente prevenibles con un mayor autocuidado.

En la década del 40, el doctor Arnold Kegel se interesó por este tema y creó los ejercicios que hoy llevan su nombre. Hasta ese momento, las mujeres víctimas de incontinencia urinaria (imposibilidad de retener la orina al reír, toser, estornudar o saltar) estaban condenadas a la resignación, y en los casos más extremos eran llevadas al quirófano, sin garantías de solución definitiva.

Aunque inicialmente los ejercicios de Kegel se crearon para combatir la incontinencia urinaria posterior al parto, la realidad enriqueció esta idea y hoy se recomiendan para la incontinencia causada por estrés, en ambos sexos, y aquella que se presenta después de una cirugía de próstata. Incluso se han demostrado resultados favorables en pacientes aquejados de incontinencia fecal.

El objetivo de estos ejercicios es fortalecer los músculos del suelo pélvico y mejorar la función de los esfínteres rectal y uretral. Contraer y relajar en repetidas ocasiones el músculo pubococcígeo es el denominador común entre sus muchas variantes.

El cumplimiento estricto del programa, previamente diseñado por un especialista, y la práctica apropiada de la técnica en cualquier momento del día, son la base del éxito.

Por otra parte, estos ejercicios contribuyen a fortalecer los músculos vaginales, por lo que pueden ser utilizados como parte de los juegos sexuales de la pareja, además de que y propician el orgasmo femenino. Las ventajas de Afrodita

Durante el embarazo es muy común que las mujeres presenten incontinencia urinaria, la cual se agrava con el peso del bebé sobre la vejiga, inconveniente que puede ser eliminado con una adecuada ejercitación de los músculos del suelo pélvico.

Se conoce que la incontinencia afecta a un 30 por ciento de las mujeres luego del parto, y que el 50 por ciento de las embarazadas padecen de hemorroides.

Es válido mencionar que un buen estado trófico de la zona (adecuado tono muscular) facilita el parto al producirse menos desgarramientos, y posiblemente se evite una episiotomía (incisión quirúrgica en la zona del perineo) lo que redunda en menos dolor, por lo que las madres pueden regresar a sus labores en menor tiempo y sin temor a padecer incontinencia urinaria.

Otra ventaja es que aumenta el riego sanguíneo en la región rectal, reduciendo así el riesgo de padecer hemorroides y prolapsos, fundamentalmente del útero, la vejiga y el recto. Adán frente a Kegel

Aunque muchos lo callan, estudios científicos han demostrado que el 40 por ciento de los varones padece —independientemente de su estado civil— de eyaculación precoz y/o disfunción eréctil, pero muy pocos conocen que esto puede tener solución en la mayoría de los casos.

Ya sea por timidez, vergüenza, o baja autoestima, algunos hombres pasan mucho tiempo, incluso años, con este padecimiento, que lamentablemente no suele superarse por sí solo, sino que requiere la aplicación de diversas técnicas para un efectivo control de la respuesta sexual, entre las que se encuentran los ejercicios Kegel, en combinación con otros tratamientos.

Esta técnica también se recomienda para pacientes operados de cáncer de próstata, ya que contribuye a una mejor circulación en ese órgano y en los conductos urogenitales, por lo que favorece la pronta recuperación del individuo.

Aunque se pueden practicar en cualquier sitio, tanto sentados como de pie o acostados, el aprendizaje de esta técnica no debe ser por cuenta propia, sino que es conveniente acudir a las consultas de terapia sexual, ginecología, urología o los cursos profilácticos para embarazadas, donde los interesados pueden recibir un buena instrucción al respecto

Mujeres: ¿de seducidas a seductoras?

La mayoría de los hombres sigue dando prioridad a ese don tan mal repartido y efímero que es la belleza
«Quien siente su belleza, la belleza interior, no necesita belleza prestada: se sabe hermosa y la belleza echa luz...»

José Martí

El pavo real se acerca a la hembra y despliega su irisada cola con movimientos elegantes. Ella, discretamente emplumada en tonos sobrios, lo observa desde todos los ángulos. Simula indiferencia cuando en realidad espera la llegada de otro macho: debe calcular bien sus opciones antes de «dar el sí» definitivo.

Similar rutina sigue la hembra del cocodrilo: sus pretendientes han de probar fiereza para conseguir el alimento, pero a la vez deben ser tiernos, acariciadores e imaginativos. El terror de los humedales es capaz de cantar a la luz de la luna o hacer burbujas sobre la superficie de las aguas con tal de seducir a su compañera.

Entre pingüinos el cortejo es menos romántico, pero ella también se hace rogar, y les exige, además de un hermoso plumaje, innumerables prendas de amor: piedrecitas que los machos cargan desde lejos para formar un nido confortable.

Peces, mamíferos, crustáceos... ninguna especie escapa a las trampas reproductivas de la naturaleza. Para garantizar la perpetuidad de sus genes, los machos despliegan las más increíbles estrategias, ya sea en el aire, agua o tierra: la apariencia deslumbrante de los peces, el alarde de buen gusto para decorar el «hogar» de algunos pájaros, la danza exquisita de las anacondas, las grandes habilidades amatorias del tigre, que copula hasta cien veces al día durante tres jornadas...

Aun así, ellas se toman su tiempo para elegir. Y tan ocupadas se encuentran calculando el bienestar de la futura prole que apenas se interesan por su propia apariencia: acicalar pelambres, pulir pezuñas y cornamentas, dar brillo a las escamas o exhibir pectorales es cosa de machos en el reino animal...

¿Qué pasó entonces con la especie humana? ¿En que momento de nuestra evolución las mujeres asumimos la coquetería como necesidad vital, al punto de que «lucir bellas» sea obsesión inculcada a las niñas desde el nacimiento, trauma que lleva a muchas adolescentes a la anorexia, y a las féminas más extremistas a vivir entre gimnasios, salones de belleza y consultas de cirugía?

Dime, espejo mágico...

Entre muchos jóvenes se generaliza la percepción de que la belleza no es eterna, y que en lo espiritual está el verdadero cemento del amor. Foto: Mileyda Menéndez
Entre muchos jóvenes se generaliza la percepción de que la belleza no es eterna, y que en lo espiritual está el verdadero cemento del amor. Foto: Mileyda Menéndez

Contrario a la estabilidad que poseen «otras leyes físicas», las reglas de la hermosura han sido muy volubles a lo largo de los siglos y regiones geográficas, pero siempre existe un factor común: el patrón físico ideal es justamente el que no posea el 85 por ciento de las mujeres, de modo que «estar en la línea» implica gastar tiempo y dinero en la industria del maquillaje para competir con las pocas que nacieron lindas según los cánones de la época... como hacen los calamares machos, que acuden al mimetismo para sacar ventaja ante sus rivales mejor dotados por la naturaleza.

Quienes no pueden o no quieren entrar en ese juego de las apariencias, son cuestionadas en su feminidad: hoy no basta ser mujer de cuerpo y espíritu, hay que demostrarlo, o arriesgarse a ser calificadas como «malqueridas» por no esmerarse en lucir para un hombre... o para todos.

La psicoanalista Christiane Olivier, reflexionó sobre este tema a mediados de los años 80 del pasado siglo. En su libro Los hijos de Yocasta, la huella de la madre, ella comenta la angustia de miles de mujeres que tratan de vivir al margen de esas reglas y preferirían ser apreciadas por su interior y no por su exterior o, como diría José Martí, no ser valoradas por la fruta, sino por la estrella.

«Para mí no había ninguna lógica: sabía que atraía a los hombres por lo que tenía de menos importante en mi persona, y hubiera querido que alguien se me dirigiese con otro lenguaje que no fuera el del exterior», escribe Olivier.

Su enojo es el de muchas mujeres de todas las edades que usan la cabeza para algo más que gastar champú, pero no todas «se atreven a afrontar la calle, porque no se sienten en ella seres humanos, sino cosas expuestas en un escaparate», afirma Olivier, en consonancia con lo que cuentan también muchas lectoras de Sexo Sentido.

A pesar del desarrollo social, político y económico alcanzado por la mujer en los siglos XX y lo que va del XXI, la mayoría de los hombres —incluso muchos de buenos sentimientos y respetuosos de la inteligencia femenina—, siguen dando prioridad a ese don tan mal repartido de la belleza, que para colmo no es eterno, por lo que algunas, en la vejez, llegan al ridículo o al enclaustramiento, sin aceptar que el tiempo les quitó lozanía, pero les dio otros encantos.

Lo lógico, dice Isabel de Amado Blanco en el libro Más belleza para ti —publicado en Cuba hace cuatro décadas y reeditado en 1981—, es que cada mujer saque partido de su propia personalidad y se preocupe sobre todo de que su metabolismo sea el correcto, con lo cual ganaría la mitad de la belleza posible en cualquier etapa de la vida.

«No hay nada malo en querer que la compañera de uno luzca hermosa a los ojos de los demás», insisten algunos hombres entrevistados. «Es bueno para ella, para su autoestima», aducen, y hasta cierto punto tienen razón.

Pero el espejo es un tirano que compite por la exclusividad con otros placeres, y la salud mental se resiente cuando una mujer exitosa en su vida profesional o como madre, es cuestionada permanentemente por sus amigos y pareja si no prioriza la pulcritud de sus uñas o del peinado porque su mente anda volando en otros espacios creativos.

Paradojas de la evolución

Entre los animales irracionales, mientras más grande y vistoso es el macho más poligámica es la sociedad. De ahí que los gorilas tengan un harén numeroso, y también el guanaco —pariente de la llama andina— y los leones.

Sin embargo, los hombres no han evolucionado tanto como para aceptar que una mujer bella le dé entrada a varios pretendientes sin calificarla, cuando menos, de «ligera», y a ellos, de cornudos o muñecones. ¿Y qué hay de aquello de tomarse su tiempo para elegir al mejor padre?

Pero los humanos vemos el sexo de una manera más divertida —solo los delfines nos secundan en ese gusto—, y además de competencia económica y pasarela, muchos hombres modernos exigen menos preámbulos para servirse de esa belleza femenina, ya sea natural o adquirida. Si hay titubeos, tampoco faltan epítetos despreciativos para la dama, el menor de ellos: «rompecorazones».

¿Y el canto de la rana toro? ¿Y las caricias de los cangrejos? ¿Y la danza de los flamencos? ¿Y la abnegación del Romeo araña? Cada vez más, las nuevas generaciones pasan por alto esos rituales, sin comprender que nuestra especie también necesita estar a tono con la naturaleza.

Por ese camino nos acercamos peligrosamente al estilo de los tiburones, una de las pocas especies en las que el macho opta por morder a cualquier hembra para someterla rápido, montarla sin miramientos y luego alejarse, desentendiéndose de la futura cría... y después, si te he visto, no me acuerdo.

¿Debe prepararse el hombre para procrear?

Mujer embarazada junto a su compañero
La sexualidad humana tiene tres funciones fundamentales: la erótica, la comunicativa y la reproductiva. La función reproductiva es la más antigua y permite la continuidad de la especie. Por ello la procreación es una de las fases más importantes del ciclo vital del hombre.

La preocupación por los problemas del comienzo de una nueva vida está presente desde la más remota antigüedad. Hombres y mujeres tienen diferencias anatómicas, genéticas, hormonales y culturales que responden a costumbres sociales diferenciadas, resultado de la evolución histórica de la sociedad durante más de tres milenios.

Lo que se conoce como capacidad espermática es vital para lograr que los espermatozoides consigan la fertilización. En la capacitación espermática participan mecanismos bioquímicos y fisiológicos que activan y controlan sustancias integradas en la membrana plasmática del espermatozoide para que este pueda sortear las estructuras del aparato reproductor femenino.

Cada espermatozoide está compuesto por una cabeza, donde se encuentran los cromosomas; en su parte intermedia o cuello se encuentran las mitocondrias responsables de producir la energía necesaria para que pueda alcanzar al óvulo, y su cola o flagelo, similar a un látigo, tiene como objetivo impulsar al espermatozoide hacia la célula reproductora femenina.

La función del espermatozoide es fertilizar al óvulo, para lo cual el semen le sirve de vehículo y aporta las sustancias necesarias para su supervivencia y energía. En condiciones adecuadas, los espermatozoides pueden permanecer vivos fuera del organismo durante varios días.

El semen, también conocido como esperma, es un líquido viscoso y blanquecino. Es producido por glándulas del tracto urogenital masculino. Comienza a producirse a partir de la pubertad y manifiesta las características del adulto a partir de los 13 años en la mayoría de los adolescentes.

Según los especialistas un semen normal es aquel que tiene más de 20 millones de espermatozoides por mililitro, con movilidad lineal progresiva de al menos 25 por ciento y con más de un 30 por ciento de espermatozoides de forma normal. Se considera que el volumen medio de semen en una eyaculación es mayor de 3 mililitros, aunque ello depende de la abstinencia sexual previa y del grado de excitación durante la actividad sexual, entre otros factores.
Calidad y envejecimiento

La calidad espermática se mide por la estructura, cantidad, viabilidad y funcionalidad de los espermatozoides. Tanto los procesos de espermatogénesis como el de capacitación espermática son fundamentales para garantizar la calidad espermática.

El hombre produce espermatozoides durante toda la vida. Sin embargo, a medida que avanza su edad disminuye la cantidad y viabilidad de las células reproductivas. La disminución de la calidad espermática y de la fertilidad en el sexo masculino es lenta y progresiva y ocurre más tarde que en la mujer.

El envejecimiento en el hombre no significa la pérdida de su fertilidad. Al menos el 50 por ciento de los hombres mayores de 60 años mantienen su esperma con calidad reproductiva. Algunos estudios plantean que la fertilidad masculina se puede sostener hasta edades cercanas a los 90 años. Lo anterior depende, por supuesto, de los estilos de vida adoptados y de determinados factores ambientales estrechamente relacionados con la calidad espermática.
Peligrosas adicciones

Todas las adicciones se definen como estados de intoxicación periódicos provocados por el consumo repetido de una droga. Entre ellos el alcohol y el tabaco, que a pesar de tener un carácter social legal, son considerados drogas por sus perjudiciales efectos sobre la salud.

El primero provoca múltiples daños en el organismo, en dependencia de la frecuencia y cantidad consumida. Entre esos daños están las afectaciones a la fertilidad. En el hombre el alcoholismo hace disminuir el proceso de espermatogénesis, incidiendo en el número, viabilidad y funcionalidad de los gametos masculinos.

El tabaco contiene toxinas que también provocan efectos adversos en la producción y calidad de los espermatozoides. Mientras, las llamadas drogas duras tienen mayores consecuencias y pueden provocar hasta la infertilidad.

La calidad espermática se favorece garantizando hábitos de vida saludables y eliminando ciertas prácticas impuestas por la moda.

Por ejemplo, las prendas íntimas en los hombres no deben utilizarse ajustadas en exceso y deben privilegiarse tejidos que resulten frescos para los órganos genitales. En particular, los testículos deben estar a una temperatura más baja que la corporal, pues el calor puede disminuir la producción de espermatozoides, así como su calidad.

Asimismo, los buenos hábitos nutricionales benefician los procesos relacionados con la fertilidad masculina. El consumo de frutas y vegetales, en especial aquellos que sean fuentes de vitamina C, contribuyen a la síntesis, desarrollo y mantenimiento de los espermatozoides y el semen.

La afectación de las glándulas que participan en la formación del semen altera la esperma y la nutrición de los espermatozoides.

La próstata, una de ellas, se encuentra ubicada delante del recto y debajo de la vejiga. Rodea la porción posterior de la uretra, conducto que transporta la orina y el semen hacia el exterior. Produce el líquido prostático, incoloro, rico en ácido cítrico, enzimas y proteínas. Este líquido constituye el medio de transporte para los espermatozoides y da volumen a la eyaculación.
Its y salud reproductiva

Las enfermedades de transmisión sexual guardan estrecha relación con la salud reproductiva en el hombre. Entre esas enfermedades se encuentran las ocasionadas por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), la gonorrea, la sífilis y la hepatitis B, entre otras.

La gonorrea es una enfermedad de transmisión sexual. Se combate oportunamente con antibióticos, pero no tratada provoca infertilidad.

La sífilis es una infección bacteriana producida por el Treponema pallidum. Se encuentra dentro de las primeras enfermedades de transmisión sexual descritas. Su tratamiento con antimicrobianos es eficiente pero su efectividad depende de una detección temprana. Causa graves consecuencias a la función reproductiva del hombre. Al infectar a la mujer puede provocar severos daños congénitos en el bebé, en órganos vitales como el cerebro y el corazón.

La hepatitis B ataca directamente al hígado. Al circular por la sangre, saliva, semen y otros fluidos corporales es considerada como enfermedad de transmisión sexual.

El control higiénico sanitario, evitar la promiscuidad, adicciones y hábitos negativos en el vestir, una correcta alimentación, entre otras medidas, son fundamentales para lograr una correcta salud reproductiva en el hombre. (Fragmentos. Tomado de Infomed)

Sexualidad femenina Orgasmo se escribe con...

Especialistas aseguran que existen nuevas zonas capaces de provocar inmediatamente el éxtasis femenino

Cuerpo de mujer marcado con letras. Caricatura: LazDesde que, en el año 1960, el ginecólogo alemán Ernest Gräfenberg descubrió el llamado punto G, especialistas de todo el mundo continúan la búsqueda de un «abecedario» de la satisfacción sexual, que ya trae a nuestros días los puntos A, K y U, como detonantes del éxtasis pleno en la mujer. Sin embargo, hay quienes aseguran que el verdadero placer es una combinación de sentimientos, deseos y caracteres que van más allá de letras y... Nuevas zonas vaginales se develan como provocadoras inmediatas del orgasmo femenino, con prolongadas lubricaciones y una mayor excitación. En 1996 se nombró el sector A, ubicado en la misma pared vaginal, a medio camino entre el punto G y el cuello de la vagina.

Luego en 1998 fue descubierto, por la psicóloga americana Bárbara Keesling, el punto K, llamado también «el pasaje misterioso», pues

había permanecido durante mucho tiempo desconocido. Según la especialista, se ubicaba en la zona final de la vagina, llegando al cuello del útero.

Aunque las investigaciones señalan que el mismo queda oculto por la presión del útero sobre él, y en la mayoría de los casos es inaccesible, durante las relaciones sexuales con una penetración profunda del pene su estimulación puede ocasionar orgasmos altamente intensos que recorren la vagina desde la parte interna a la más externa.

Quienes escucharon hablar por vez primera de estas localidades de la geografía sexual femenina mucho se han cuestionado sobre su veracidad. Si en algunos casos la literatura señala que son localizaciones «secretas», para otros podrían tornarse especuladoras.

Así, en medio de este contexto apareció otro nuevo «detonante» llamado punto U o Uretral, que como su nombre lo indica está situado en una zona muy cercana a la uretra, y debajo del clítoris, y es fácilmente estimulable de forma manual, a partir de movimientos circulares o verticales, o al aplicar la técnica oral con la pareja, para lo que es recomendable separar los labios menores.

Gracias a la autosatisfacción hay mujeres que podrían estar ya familiarizadas con esta área, señalan los especialistas. Pero el punto U es bastante particular, pues al corresponder a una pequeña zona necesita ser estimulada con una firme presión que puede variar en cada fémina.

Entre dudas y certezas

Numerosos sexólogos han declarado no estar de acuerdo con la teoría de la existencia del punto G, o del resto de las llamadas «zonas de éxtasis», y cuestionan con firmeza la presencia de estos «disparadores» exclusivos de la libido.

Durante el juego previo y el acto sexual, toda la zona genital femenina es una fuente potencial de excitación y placer, donde existen muchas terminaciones nerviosas y un sistema de irrigación sanguínea muy complejo. De ahí que no debería sorprender que se evidencien sectores de mayor apetito.

Pero ello no implica, advierten los especialistas, que cada supuesto punto de liberación plena del orgasmo sea por sí solo un detonante, sino que forma parte de una concatenación de sensaciones y deseos desplegados por el organismo durante el coito.

Al igual que ello, resulta polémica la distinción de los diferentes tipos de orgasmos, tema que ha dividido a los estudiosos de la sexualidad, desde el padre del psicoanális Sigmound Freud, quien consideraba que la vagina era el centro de la respuesta sexual de la mujer madura, hasta Masters y Johnson, pioneros en el estudio científico de la naturaleza sexual humana, quienes señalan los orgasmos esencialmente clitoridianos.

Incluso se refiere que puede ser una combinación de ambos tipos, y que la sensación de experimentar uno de los dos, no significa que un orgasmo sea mejor que otro, como tampoco tienen por qué ser algo primordial en la satisfacción sexual de una mujer.

Aunque a la mayoría les satisfacen los orgasmos clitoridianos, hay pacientes que acuden a las terapias preocupadas porque solo alcanzan el «éxtasis» —desde su percepción— mediante la estimulación del clítoris.

Por otra parte las mujeres pueden ser multiorgásmicas, o sea, que pueden tener uno o más orgasmos poco después del primero, a diferencia de los hombres, que pasan por lo que se denomina un período refractario inmediatamente después del clímax, y se necesita más estimulación para recuperar la erección y alcanzar otro.

Por supuesto, el hecho de que una mujer tenga orgasmos múltiples también depende de la estimulación sexual continuada. A veces ella al tener uno vaginal durante el coito, puede hacer que su pareja la estimule para que tenga uno o más orgasmos clitoridianos a continuación.

Antes, durante o justo después de este momento cumbre en el deseo sexual, algunas mujeres experimentan un fenómeno llamado eyaculación femenina, totalmente normal. Aunque hay especialistas que afirman que las mujeres pueden aprender a eyacular, ello no resulta necesario para que alcance la satisfacción plena.

Sentir el cuerpo

Para muchas parejas, la intimidad, exploración, sensualidad y compenetración que ofrece el sexo pueden perderse si está orientado a un objetivo, o si se centra en el orgasmo como experiencia suprema.

Sin embargo, en las sociedades actuales, donde persiste el carácter patriarcal, viejos prejuicios imponen a la mujer un papel sexual pasivo. Incluso hay féminas que piensan que deben esperar por la iniciativa del varón en el acto sexual y asumir en la relación una actitud de complacencia solo para con el compañero.

Por eso es imprescindible romper con actitudes sumisas y aprender a sentir el placer hasta el punto que se desee. El tocarse, acariciarse, sentirse son actos gratificantes y sensuales que no pueden depender de otra persona hasta que no seamos capaces de conocernos a nosotras mismas.

A diferencia del hombre, toda la piel de la mujer es una zona erógena que responde a roces, caricias y besos. En nuestro cuerpo existen áreas donde la estimulación causa una excitación más intensa, y que la pareja debe descubrir, más allá de un abecedario técnico, pues todos somos y sentimos diferente.

La sexualidad femenina no se puede restringir solo a los puntos que se encuentran en la zona genital. El rostro de una mujer, por ejemplo, tiene diversas zonas eróticas que pueden ser estimuladas con rapidez con las yemas de los dedos y los propios besos.

Los lóbulos de las orejas, el cuello —en particular la parte posterior—, los pechos, los brazos, las axilas, las manos, la espalda, las caderas y el bajo abdomen pueden ser estimulados eróticamente por un amante atento.

Incluso se ha descubierto que es muy sensible el área alrededor del ombligo. La mayoría de las mujeres saborean las caricias realizadas con las yemas de los dedos, labios a lo largo de las piernas y en particular, en el interior de los muslos.

Aunque el clítoris puede ser la parte sexual más sensible de la mujer y la más fácil de estimular, siempre que el hombre aprenda a hacerlo con suavidad y destreza, no se puede circunscribir el deseo a esta región, pues en la mente se entretejen sensaciones que sobrepasan el contacto físico.

En ese momento pleno, en que se mezclan sexo, erotismo y placer cuando hacemos el amor, si bien podemos beneficiarnos con el conocimiento de las llamadas zonas de excitación, no podemos limitarnos a la interrogante «geográfica» de un punto G, K, o U.
(Tomado de Juventud Rebelde)